¡Ayúdanos a conseguir una vivienda digna para las personas refugiadas!

29/04/2019

Disponer de una vivienda digna es esencial para desarrollar un proyecto de vida pues  supone un espacio de intimidad, de seguridad y de estabilidad e influye en el estado de salud y psicológico de las personas. Tener un hogar, derecho reconocido  por la Declaración Universal de los Derechos Humanos, es el primer paso para lograr una autonomía que permita participar en la sociedad. Para las personas beneficiarias o solicitantes de protección internacional es una pieza clave en su proceso de integración.

Sin embargo, encontrar alojamiento en Barcelona no es fácil para nadie debido al aumento de la demanda, la subida de los precios o los requisitos de entrada cada día más exigentes. Los beneficiarios o solicitantes de protección internacional deben enfrentarse además a obstáculos añadidos como la burocracia o los recelos y prejuicios que aún perviven en nuestra sociedad.

Por suerte, como entidad gestora del Programa estatal de acogida a solicitantes de protección internacional, nos hemos encontrado con arrendatarios comprometidos que nos han ayudado a ofrecer a estas personas una vivienda digna. A la vez, todas las partes implicadas se han enriquecido de un intercambio cultural y de experiencias, fruto de la convivencia. Es el caso de un señor que se decidió a alquilar a una madre y a una hija procedentes de Ucrania que debían permanecer en Barcelona por cuestiones de salud. Ese apoyo contribuyó, sin duda, a que a día de hoy ambas estén llevando una vida autónoma. Por su parte, tras la experiencia, el señor se ofreció a seguir alquilando a personas solicitantes de protección internacional. No es el único caso pero ¡necesitamos que más personas se comprometan!

Principales dificultades

El alojamiento es una de las necesidades básicas que cubre el Programa estatal. Durante los 6 primeros meses (1ª fase) la vivienda la proporcionan las entidades gestoras. Durante los 12 meses siguientes (2ª fase), las personas deben buscar un alojamiento en el mercado inmobiliario. La administración asume el alquiler mientras los beneficiarios y las beneficiarias no puedan asumirlos. Pasados esos últimos 12 meses, las personas deben responsabilizarse del coste del alojamiento. Pero la mayoría de los solicitantes de protección internacional inician la 2ª fase sin disponer aún de permiso de trabajo o justo cuando lo están obteniendo, por lo que es casi imposible poder cumplir con los requisitos del mercado. A menudo debemos desmentir el pensamiento arraigado de que un contrato de trabajo es más seguro, a pesar del contexto laboral actual, que la ayuda que contempla el programa.

El origen de la persona es también un factor determinante para que sea más o menos fácil hallar alojamiento. Los arrendatarios se sienten más cómodos alquilando su vivienda o una habitación a personas con una cultura que consideran como más próxima a la suya o con la que comparten algunos aspectos, como puede ser el idioma.

Hay días en los que al solicitar una cita para una vivienda, el profesional que nos atiende nos pregunta porque no buscamos lejos de Barcelona, ya que aquí faltan pisos y sobra demanda. Sin embargo, la mayoría de entidades gestoras nos encontramos en la Ciudad Condal y contamos con los dispositivos de acogida en la misma localidad. Algunas de las personas que atendemos sufren problemas de salud graves y han iniciado ya un tratamiento y seguimiento por lo que plantear un cambio se hace muy difícil.

Este panorama poco esperanzador conlleva que las personas y familias que acompañamos vivan con la angustia de ver como el difícil proceso que han emprendido en la búsqueda de una vida digna, en el que han puesto tantos esfuerzos e ilusiones, puede verse frustrado. Por otro lado, provoca un bloqueo en otros aspectos esenciales para su inclusión: ¿cómo decidir en qué colegio solicitar plaza si no se sabe dónde se vivirá? ¿Cómo buscar un empleo? ¿Cómo establecer relaciones con el entorno?

Comprometidos con la acogida

Si bien la realidad es muy arisca, hemos tenido la suerte de cruzarnos con personas sensibles a la problemática, como el señor que comentábamos al inicio.

En otra ocasión, después de tocar muchas puertas, nos encontramos con una inmobiliaria que apostó por dar una oportunidad a estas personas y nos alquiló viviendas una y otra vez. La directora de esta agencia vio como una garantía el Programa cubriera el alquiler durante un año y que por nuestra parte hiciéramos un seguimiento. Los primeros arrendatarios fueron una pareja que al poco tiempo logró un contrato laboral, por lo que se les interrumpió la ayuda económica, tal y como contempla el programa cuando los beneficiarios y las beneficiarias cuentan con unos ingresos superiores a los de la prestación. La inmobiliaria no dudó en seguir alquilando a otras personas solicitantes de protección internacional. Actualmente las tres familias a las que esta agencia alquiló pisos están trabajando y asumen el coste de los alquileres.

Finalmente queremos compartir la experiencia de una orden religiosa que puso a la disposición de entidades una casa que utilizaban como lugar de retiro. Decidieron ofrecer este recurso a familias monomarentales, alquilando las habitaciones a un precio social. Algunas de las mujeres y sus hijos que se mudaron a la casa llevan allí casi dos años. La persona responsable de la orden ha estado muy pendiente de ayudar a las familias en todo su proceso de adaptación e integración en el territorio, ofreciendo contactos para la búsqueda de empleo, actividades para los menores, etc.

A pesar de las dificultades, todas las personas a las que hemos acompañado, con su esfuerzo y nuestro apoyo, han conseguido vivir de forma autónoma. Para que el proceso tenga éxito es necesaria la implicación de personas y agentes como los que nos hemos encontrado y cuyos casos hemos expuesto. Si tú también tienes una habitación o un piso para alquilar o conoces a alguien que quiera hacerlo, ¡ponte en contacto con nosotros! ¡Contribuye a que seamos realmente una sociedad de acogida!  

Bayt al-Thaqafa gestiona el Programa de acogida a personas solicitantes de protección internacional como miembro de Red Acoge. El proyecto está financiado por la Dirección General de Integración y Atención Humanitaria, el Fondo Social Europeo y el Fondo de Asilo, Migración e Integración.​

Autora: Claudia Caria, técnica del Programa de refugio

 

 

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