Lucha lgtbiq+: ¿Europa de derechos, oriente de represión?

29/04/2021

El racismo impregna ámbitos muy amplios y se hace visible de formas que a menudo no se contemplan. En el caso de la lucha por los derechos de las personas lgtbiq+, se nos suele presentar a los países occidentales menos homófobos que los orientales, pero ¿hasta qué punto es verídica esta idea? Algunos estados e ideologías se han apropiado del movimiento por los derechos de las personas lgtbiq+ e, implícitamente, sitúan al resto de países y cosmovisiones como hostiles para el colectivo. Esta apropiación, como todos los prejuicios sobre otras sociedades, es racista y se conoce como homonacionalismo.

El concepto homonacionalismo, utilizado por primera vez por J. Puar (2007), es la incorporación de la lucha lgtbiq+ a los mecanismos del estado, integrando así estas reivindicaciones a una idea supremacista de la nación. Como consecuencia, se descontextualiza el origen contrahegemónico de la cuestión y se integra al discurso nacionalista, que refuerza la dicotomía nosotros – ellos mediante un discurso xenófobo que utiliza la situación del colectivo en otros contextos culturales como barómetro de modernidad. De esta manera, la legislación que regula la situación de las personas lgtbiq+ se utiliza como pretexto para generalizar el cumplimiento de los derechos humanos en un estado en cuestión, y jerarquiza países, culturas y etnias en base a esta interpretación tergiversada de la realidad. En definitiva, el homonacionalismo es una vertiente del racismo que perpetúa el colonialismo, ya que intenta fundamentar la propia superioridad y la inferioridad de otros contextos con la base pseudoobjetiva del respeto por las diversidades sexoafectivas y de género.

La ideología homonacionalista se muestra -entre otros- mediante el llamado pinkwashing, cuando los estados destinan más fundos y esfuerzo a mostrarse lgtbiq+ friendly que a realmente implementar medidas para mejorar la vida de las personas del colectivo. Es el caso de Israel, que a pesar del conocido conflicto con Palestina se muestra al mundo como un refugio para las personas musulmanas homosexuales.

En nuestra sociedad, el homonacionalismo opone una realidad imaginariamente idílica del colectivo en el estado español a una supuesta situación mucho más desfavorable en los países islámicos. Esta premisa entre en diálogo con el concepto de orientalismo de E. Said (2003), entendido como una manera sesgada que tiene la sociedad occidental de presentar aquello que se considera oriental y sus manifestaciones culturales. El imaginario colectivo occidental estereotipa, encapsula y deshumaniza las realidades que no le son propias, y se presenta a si mismo mejor que Oriente. De este modo, el homonacionalismo y el orientalismo se alimentan mutuamente y constituyen una forma de racismo e islamofobia.

Homocionalismo e islamofobia

Es necesario erradicar las nociones racistas que atribuyen dogmáticamente a las personas y sociedades musulmanas un rechazo hacia expresiones de género y relaciones sexoafectivas disidentes. De los 75 países que condenan la homosexualidad, 26 son de mayoría musulmana y los otros 49 son de otras religiones. En primer lugar, es importante contemplar que el islam y la sharía, o ley islámica, no son lo mismo. La sharía es fruto de procesos históricos, luchas de poder e interpretaciones de los textos sagrados que, por analogía, suponen comportamientos adecuados a situaciones determinadas. Por tanto, la religión no es legtbiq+fóbica por naturaleza, sino que las legislaciones desfavorables al colectivo lgtbiq+ son consecuencia de determinadas interpretaciones de los círculos de poder e influencia. El islam no es lo que criminaliza el colectivo, sino las leyes de unos gobiernos determinados que las sustentan con interpretaciones de la espiritualidad.

Las declaraciones de Daniel Ahmed (El Diario, 2016) apoyan estos argumentos, cuando expresa que las afirmaciones que vinculan el islam con el rechazo al colectivo lgtbiq+ muestran no solamente un desconocimiento e inexactitud respecto a la situación legal del colectivo en países de mayoría musulmana, sino que además se ignoran cuestiones que se necesita plantear, como por ejemplo: “¿Es el islam lo que se utiliza para justificar leyes discriminatorias?” o “La población local está de acuerdo con estas leyes?”. Vinculando el islam con el rechazo al colectivo, dice el activista musulmán lgtbiq+, se invisibilizan las estrategias de resistencia que se están llevando a cabo para fomentar un cambio social en cuanto a la consideración de las minorías sexuales y de género y para conseguir un marco legal de protección (Ahmed, 2016). Conviene evitar homogeneizar las personas, ya que no existe un colectivo islámico, sino una suma de espiritualidades y nociones islámicas subjetivas de las más de 1.700.000 personas musulmanas.

La dicotomía nosotros – ellos únicamente alimenta discursos sesgados, y ni la sociedad catalana es tan inclusiva para el colectivo lgtbiq+ ni los contextos islámicos son necesariamente tan discriminatorios. Por un lado, el Observatorio de les discriminaciones de Barcelona (2019), muestra que la orientación sexual es el segundo pretexto de discriminación en la ciudad.  Por otro lado, a Estudio sociológico y jurídico sobre homosexualidad y mundo islámico (2016), L. Martín, M. Ródenas y F. Villaamil ofrecen testimonios de personas lgtbiq+ musulmanas que cuestionan el grado de inclusión que tienen en el colectivo lgtbiq+ local. Los hombres gay migrantes, explican, en España se tienen que enfrentar a la noción del moro como el otro racial por antonomasia, con la carga simbólica que asocia los migrantes como delincuentes, y a otros estigmas como la asociación de la homosexualidad masculina magrebí con la prostitución. El racismo también impregna el colectivo español y determina la posibilidad de inclusión tanto en el colectivo como en la sociedad en general, ya que las ideas preconcebidas limitan su campo relacional y de actuación.

Lucha lgtbiq+ en estados de mayoría musulamana

Una vez visto que la sociedad occidental no es tan abierta como se podría pensar, hace falta aclarar que la lucha a favor del colectivo lgtbiq+ en estados de mayoría musulmana no tiene por qué ser fruto de la influencia europea con carga ideológica en el territorio. Localmente se está trabajando al respecto y, es más, el contacto con Europa ha hecho empeorar la situación de las personas lgtbiq+ en países musulmanes, tal y como muestran distintos ejemplos históricos. En 1858, por ejemplo, se descriminalizó la homosexualidad en todo el territorio del imperio otomano, mayoritariamente musulmán, pero con el mandato francés se volvió a penalizar. La situación del Líbano es especialmente relevante en la actualidad, ya que el gobierno ha desclasificado las orientaciones sexuales no heterosexuales como enfermedades. Además, en enero de 2016, la Corte de Apelaciones de Beirut reconoció el derecho de un hombre transexual a cambiar su documentación. Destacan también los casos de Albania y Bosnia y Herzegovina, estados europeos de mayoría musulmana con legislación en contra de la discriminación homosexual. En último lugar, hace falta tener en cuenta que en estados con un contexto legal o social desfavorable para el colectivo también se lucha desde los márgenes para conseguir revertir la situación, tal y como ocurre en Túnez con la asociación Damj, que desde hace tiempo trabaja por los derechos humanos de las personas lgtbiq+ en el país.

En definitiva, el homonacionalismo, alimentado por el orientalismo, invisibiliza la lucha por los derechos lgtbiq+ que se originan en contextos no occidentales. Es necesario incorporar experiencias múltiples y diversas para aprehender la realidad y alejarse de estereotipos y sesgos que legitiman ideas racistas. Es provechoso, también, mostrar los testimonios de personas de orígenes culturales diversos que puedan ser referentes para todos y todas.

Autor: Nil Requena, estudiante en prácticas

Equipo de comunicación - No discriminación

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