Espacios vividos y diálogo de las pequeñas cosas para una buena convivencia

04/10/2017

¿Qué es lo que hace que las personas se sientan de un pueblo o de una ciudad? Los motivos pueden ser diversos: haber nacido y vivido allí, tener amigos y familia, conocer el pueblo o hacer las actividades principales de la vida, como por ejemplo, estudiar o trabajar.

De cualquier modo, los sitios –los barrios, los pueblos y las ciudades- tienen que ser espacios vividos para generar un sentimiento de pertenencia, tienen que ser espacios abiertos a la participación, donde todas las personas pueden aportar, sentirse útiles y ser conscientes de que se les escucha. Las personas, los grupos o las comunidades se implican en la medida que se sienten partícipes y, esto, genera procesos, no solo de inclusión, sino que también, de cohesión y de cooperación.

Pero, no solo esto, sino que el sentimiento de pertenecer a un lugar viene condicionado por las identidades de las personas. Unas identidades que no son ni únicas, ni invariables, sino que son múltiples, diversas, ambiguas y están en constante construcción. Estas identidades múltiples y en construcción, no solo se dan en el caso de las personas que emigran de un país a otro, sino que las mismas personas del lugar de acogida son así: una persona puede ser mujer, vicentina, estudiante, escaladora, madre y culé a la vez. Sea cual sea su origen, sus identidades pueden ser variadas. Saber quien es cada uno es un proceso complejo que tiene que ver con sentimientos y experiencias y que implican autorepresentarse, experimentar y relacionarse con los demás. Justamente basar el diálogo en las diferencias y similitudes de las diversas identidades personales y, no solo eso, sino en la comprensión del otro a partir de su día a día, será más efectivo para la convivencia en lugar de un diálogo entre culturas entendido como una confrontación de grandes principios o de ideas globales.

Este debate sobre las identidades, el sentimiento de pertenencia y el diálogo entre personas y culturas fue el tema principal de las II Jornadas Teresa Losada; en las cuales, por un lado, Roser Calpe, archivera municipal, hizo un repaso de la historia de las migraciones en Sant Vicenç dels Horts; y, por otro lado, Pepe Palos, doctor en Geografía Humana i profesor a Sant Vicenç, hizo una exposición sobre el significado de ser vicentino o vicentina. Además, hubo tiempo para el debate y para dinámicas participativas que vienen a ser el punto de partida de un trabajo de largo recorrido compartido entre el ayuntamiento y las entidades.

Las II jornadas Teresa Losada se llevaron a cabo a Sant Vicenç dels Horts el 22 de septiembre, coorganizadas por el ayuntamiento de de Sant Vicenç, Bayt-al-Thaqafa y otras entidades del pueblo, en el marco de la Quincena de la Solidaridad Teresa Losada. El hecho que la Quincena de la Solidaridad lleve el nombre de la fundadora del Bayt, no es casual: ella fue quien empezó a acoger a la comunidad inmigrante de origen marroquí a principios de los años 70, tanto en Sant Vicenç dels Horts como en Barcelona. Además, ha sido una persona clave para la historia de la inmigración en España. Ella entendía, y nos ha ayudado a entender, el inmenso valor de ser diversos, de la importancia de reconocer las aportaciones que cada persona hace a la sociedad y el valor de la comunidad y del diálogo entendido “como una actitud interior, como una manera der ser”.

Podéis ver el vídeo íntegro de les II Jornades Teresa Losada.

Y también el vídeo íntegro de la I Jornades Teresa Losada, dedicadas a la mujer y el Islam.

 

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