Mi experiencia con refugiados

18/10/2017

Autoria: Rosa Martín (voluntària del Bayt) 

Article publicat originalment a Esquire.com

Sonya, María, Adelle, Fredrik, Hassan, Ali, Dakar, Bahir y Jamal son los refugiados a quien doy clases de español. Provienen de países tan diferentes como Ucrania, Siria, Irak, Libia o Irán, pero todos tienen algo en común: han atravesado un infierno para llegar hasta aquí.

Es septiembre, recorrer las calles del Born, atravieso la multitud de turistas en pantalones cortos que pululan como moscas por el centro de la Ciudad Condal. El ambiente es relajado y festivo. Acelero el paso porque tengo prisa y entro en un portal de la calle Princesa, justo al lado del superfashion Bar Brutal. Subo los escalones de dos en dos y en un momento llamo al timbre de Bayt-Al-Thaqafa, el "Bayt", la fundación donde imparto clases de castellano a un grupo de refugiados. Me abre la puerta Anna Eguia, la coordinadora de voluntariado, y me da las copias que ha impreso del material que le envié por mail por la clase. Cuando entras en el Bayt, dejas muy atrás la Barcelona del diseño y el postureig, aquí los fondos se destinan a proyectos sociales, no hay aire acondicionado, no hay pantallas planas, no hay ordenadores de última generación. Lo que hay es gente, se escuchan risas, música de fondo, alguien que habla por teléfono. El Bayt facilita la integración social, cultural, política y cívica de inmigrantes y refugiados en nuestra sociedad, genera un espacio y sentimiento de pertenencia, sin pérdida de la propia identidad. No hay aire acondicionado, pero nadie se quedó sin celebrar su cumpleaños o sin un abogado que la ayudara con los papeles para conseguir el NIE, el número de identidad de extranjero.

Entro en el aula y espero que lleguen mis alumnos, tan diferentes entre ellos y tan unidos en su nueva condición de refugiados.

En Bahir ya está en clase. Siempre llega el primero, me saluda muy amablemente y se sienta en una silla. Me cuenta que hoy ha ido a nadar, que le gusta al mar. Proviene de Irán, aunque yo no sé de qué parte del país ni porque tuvo que huir de allí. Lo que sí sé es que también sigue el programa de acogida para personas en gran situación de vulnerabilidad, por lo tanto, sea por el motivo que sea, lo que le pasó fue algo atroz. En Bahir vive en una casa de acogida con en Dakar y en Jamal, de Camerún y Libia respectivamente. Los tres sufren estrés postraumático. No sé si en Dakar vino huyendo de Boko Haram o de las Fuerzas de Seguridad de su país, ya que, según documenta un informe de Amnistía Internacional del pasado julio, en Camerún ha habido 101 casos de detenciones en régimen de incomunicación y tortura entre 2013 y 2017. No obstante, en Dakar se deshace en sonrisas y se le ilumina la cara cuando habla de fútbol, ​​su gran pasión. Explica que en su país llegó a jugar en segunda división, y no ha perdido la fe en que algún seleccionador lo descubra y lo contrate para jugar en su club. Sonríe todo el tiempo, pero a veces, su sonrisa se congela demasiado tiempo, y sé que está en otro lugar, y que algo peor que el frío le congela el alma.

Tras el derribo de Muamar Gadafi en 2011, Libia se convirtió en un reino de taifas formados por bandas armadas en constante lucha por el poder. Desde el 2015 los enfrentamientos entre estos grupos rivales han desembocado en una guerra civil. En Jamal proviene de este infierno, pero en clase, mantiene esta pesadilla olvidado, bien lejos. Con las otras profesoras hacemos broma y le decimos en Joey Tribbiani del grupo. Como el personaje de Friends, es guapo, divertido, muy lindo y se las da de seductor. Guiño a todas y si te descuidas te pide el número de teléfono; es imposible no reírse cuando intenta colarte alguna de sus entabanades. Con una carcajada le espetó: "O sea, que sí que has hecho los deberes pero se los ha comido el perro. Si no tiene perro, que se donde vive! ".

Luego, entran en la clase del Estefanía y su hija Sonya, provenientes de Ucrania. La Sonya padece insuficiencia renal crónica, y si no hubiera podido salir del país ahora no viviría para contarlo. Cada dos días tiene que ir a hacerse diálisis, algo que tuvo que dejar de hacer cuando estalló la guerra civil en la región de Donetsk, en abril de 2014. La Sonya, que es de las más avanzadas de la clase, me cuenta que su única hermana se tuvo que quedar en Ucrania, terminando sus estudios de medicina. Contemplan con estupor las noticias sobre el proceso catalán, temen sufrir de nuevo el horror y el absurdo de un conflicto armado. En mis clases también asisten un ingeniero y una jovencísima enfermera que prefieren ocultar su rostro y su nombre por miedo a las represalias. Ambos aspiran a hablar muy pronto castellano para encontrar un trabajo, de lo que sea; el ingeniero se contenta al llegar a taxista, la enfermera aspira a servir sangría y sartenes en cualquier local para turistas.

Hoy en clase toca un tema complicado, "La familia". Como explicar "madre", "abuelo", "hermano" al que ha perdido toda su familia? A los que, como en Hassan, vieron como el Daesh asesinaba a su padre sin poder hacer nada al respecto? Los manuales de Español Lengua Extranjera no contemplan estos casos. Aún así, salgo del paso, gracias a la familia Simpson. Benditos Homer y Bart. Son un referente cultural universal, y de paso, nos sirven para comentar episodios y reír un poco. Hay que estar siempre al acecho y el humor es una buena herramienta a la que recurrir cuando se sacan temas complicados. Y a bromear se apunta todo el mundo inmediatamente. No importa lo que hayamos pasado, si conseguimos hacer un chiste, dejamos de lado nuestros miedos y nuestros pensamientos más oscuros y, de alguna manera, nos liberamos por un momento de nuestra carga.

Cuando termina la clase voy a hablar con la Daniela y Núria, las responsables del grupo, para comentarlas en él que he notado en Bahir más disperso que de costumbre y en Jamal demasiado locuaz, incluso por lo que es él normalmente. A veces, sólo das cuenta de todo lo que han sufrido por cómo, de golpe, se quedan absortos, embobados, perdidos en su mundo, o por un repentina euforia que los delata. El seguimiento es continuo, en el equipo del Bayt no hay fisuras, son muchos los profesionales que entran en juego para garantizar que todo vaya sobre ruedas. El programa de acogida a refugiados sólo es uno de los muchos que aquí se llevan a cabo, la actividad en este piso del centro de Barcelona siempre es frenética. No hay aire acondicionado, ni gran ordenadores, pero sí hay un equipo humano al que no lo para nada y se vuelca con entusiasmo en tareas que no figuran en su contrato de trabajo o voluntariado, ya sea preparar un pastel de aniversario, ayudar a pintar un piso de acogida o acompañar a alguien al médico. Y siempre de buen humor.

El Bayt forma parte de la Red Acoge, una federación de 18 organizaciones, repartidas por todo el territorio estatal. Su objetivo es promover los derechos de las personas inmigrantes y refugiadas en España. Uno de sus pilares es el equipo B, (B de "bienvenida") al que pertenezco, formado por más de mil voluntarios que con un poco de tiempo y de esfuerzo conseguimos cambiar la vida de la gente que de verdad lo pasa mal .

El principal problema que se encuentran los refugiados es el de la vivienda. Las personas que solicitan asilo pasan los primeros seis meses en casas de acogida de la asociación, pero luego tienen que encontrar una habitación o un piso de alquiler. Muchas veces, durante este periodo no tienen autorización para trabajar, pero sí tienen un NIE que les permite abrir una cuenta bancaria y recibir la tarjeta sanitaria.

Después de estos primeros seis meses tienen doce más para encontrar alojamiento y trabajo, dieciocho meses si están, además, en el programa de acogida para personas en gran situación de vulnerabilidad. Los propietarios de pisos y los empleados, cuando ven la tarjeta roja de demandante de asilo, se cierran en banda, todo sido avalados por el Ministerio del Interior. Las personas que solicitan asilo se sienten como apestados. Esto es lo que explican Ana y Gustavo, dos de los casi 4000 venezolanos que han llegado a España huyendo del régimen de Nicolás Maduro y los que conocí en uno de los clubes de lectura de la biblioteca de La Fraternidad en la Barceloneta. En lo que va de año, la mayor parte de los solicitantes de asilo no provienen del Mediterráneo, sino por otro lado del charco, de Venezuela. Las cifras están disponibles en la página web de la CEAR (Comisión Española de Ayuda al Refugiado).

Leemos con estupor a la prensa que oleadas de refugiados llegan a Europa, que se amontonan en las islas griegas del Egeo y en los campos de Calais y Dunkerque a la espera de que los acoja algún país miembro. Por suerte, en Jude Law se dejó caer a Calais y su mensaje de apoyo a los refugiados dio la vuelta al mundo. Cuando una celebridad mediática apoya la causa, ésta se hace trending topic. De hecho, Lady Di consiguió más contra las minas antipersonas que ningún acuerdo internacional. La sensibilización es el primer paso para conseguir adscritos a cualquier causa.

Y qué ocurre aquí? Según Eurostat, en 2016, 1.259.265 personas pidieron protección internacional a los veintidós ocho Estados miembros de la Unión Europea. Alemania, con 745.265, registró el 59% de todas las solicitudes de asilo, un porcentaje inédito hasta el momento. Siguieron-Italia, con 123.370; Francia, con 83.485; y Grecia con 51.110. Sólo 15.755 personas solicitaron protección internacional en España el año pasado, una cifra que supone el 1% de toda la Unión Europea.

Son pocos, muy pocos, los refugiados que hay en España, y muy pocos de ellos se encuentran en Barcelona, ​​mi ciudad. Y de entre esos pocos, nuevo, sólo nueve, son mis alumnos, mis chicos.

 

Como colaborar

Puedes hacerte socio o hacer un donativo o también ofrecerte para hacer voluntariado. Y si tienes disponible un piso, o incluso una habitación en tu casa, puedes ponerla en alquiler a través de Red Acoge a un precio justo para que viva un refugiado o una familia.

 

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