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Las migraciones como encuentro y acercamiento entre personas, culturas y religiones

10/12/2016

La inmigración ha sido siempre una condición inherente a la especie humana. Hoy, sin embargo presenta una realidad histórica nueva.

Según las previsiones del Fondo de Población de las Naciones Unidas en un futuro no lejano veremos un cambio muy significativo en la demografía mundial ya que el crecimiento que hemos conocido se desacelerará rápidamente y la distribución de las poblaciones quedará alterado de manera significativa.

En este escenario previsto por las Naciones Unidas se podrían producir ciertas complementariedades ya que las regiones que se encuentran en proceso de descrecimiento y de envejecimiento podrían beneficiarse de otras regiones más jóvenes .

Organismos internacionales cifran en 175-190 millones el número de inmigrantes internacionales. Las migraciones que se prevén para el año 2050 rondan los 250 millones de personas inmigradas.

La procedencia de las migraciones interiores fluctuó en cero entre 1975 y 1995. Y en el último cuarto de siglo el elemento renovador es la procedencia de la inmigración. En diez años, el número de extranjeros, ha pasado de 542.314 (1,37% de población rotal en 2006) a 4.144.166. En los siete últimos años se ha dado una media de crecimiento de aproximadamente 500.000 emigrantes por año.

Frente a un mundo de "cambios vertiginosos y de difuminación de las singularidades", hay que resucitar el genius loci (en latín, espíritu o genio del lugar).

Crecen la economía, las migraciones, la seguridad, pero todo se difumina; es la modernidad líquida. Entre las consecuencias, señala que "se ha evaporado la solidaridad entre los ciudadanos". Lo local se disuelve en lo global.

''Allá donde vayas,.a Nueva Delhi o a México, todo es igual:. ikea, McDonalds, tiendas de chinos, suburbios de miseria"1•

Todos los países son hoy lugar de origen, tránsito o destino de migranres. Pero hay que advertir que entre 1750 y 1950 unos 70 millones de personas abandonaron Europa en busca de una vida mejor. Hoy los manantiales de la emigración internacional son Asia, América Latina y África.

África eminentemente es un país de emigración. Este fenómeno y no "problema" ha cogido desprevenida a buena parte de la población española.

Hay que echar fuera este miedo de tanta gente que echa la culpa a los inmigrantes y que su verdadero rostro es la dificultad de afrontar las transformaciones actuales. 2

Las migraciones actuales nos trasladan a una tierra donde se sufren los golpes más fuertes de la opresión, del desarraigo, de la falta de dignidad y al mismo tiempo en donde se encuentran las fuerzas más sorprendentes de la vida porque no dudemos que las migraciones están haciendo un aporte sustancial a la recreación del concepto de solidaridad.

Solo en el encuentro con personas se produce la transformación.

La diferencia es un hecho. La igualdad es un derecho.

Por eso la desigualdad es la violación de la igual dignidad que todos los humanos tenemos por el hecho de ser coincidentes en lo que a todos nos iguala: todos somos humanos.

En contacto con ellos sabemos que hay múltiples cantos, comidas variadas, sensibilidades diferentes y modos de ver la vida. La convivencia hace estrellar definitivamente la estrechez de miras y el egoísmo doméstico para abrirse a un espacio humano en donde habitar junto con los otros que ya son nuestros, nosotros definitivamente. Eso es lo que anhelamos ser con los demás; algo más que islas, tender puentes entre las diferentes sensibilidades, condiciones, hábitos, ideologías y religiones, porque lo que en verdad nos une no es otra cosa que el afecto y el reconocimiento.

El proceso migratorio exige hoy transitar otras rutas para convertir este presente en el germen de otra historia. Avanzando en la convivencia nos daremos cuenta que somos como los icebergs que tienen tres cuartas partes de su densidad viral debajo del agua. Hay mucho que descubrir, abrir otros ojos para ver lo que no se ve y otros oídos para escuchar otras melodías.

En las sociedades democráticas las migraciones plantean otro reto: cómo integrar a los inmigrantes como ciudadanos de pleno derecho. Hablar de ciudadanía es abordar la cuestión de la participación social como deber y derecho. No existen ciudadanos sin deberes y sin derechos cívicos. Sería bueno grabar en nuestras memorias lo que dijo el escritor suizo Max Frisch, allá por los años 60 del pasado siglo, cuando se creaban programas europeos para los trabajadores huéspedes: "Nosotros queríamos trabajadores, pero nos mandaron personas".

No olvidemos que la dignidad y el respeto están por encima de todo. Nos vendría muy bien releer algún versículo de los capítulos 2 y 25 del evangelio de Mateo 3.

1. ¿Integración, ciudadanía, consenso? 

Hablar de ciudadanía es abordar la cuestión de la participación social como deber y como derecho, no existen ciudadanos sin derechos y sin deberes cívicos. Estos términos ponen en cuestión los resultados a los que nos han llevado la práctica de procesos de asimilación, segregación, integración y tolerancia multicultural de enclaves étnicos en Estados Unidos, Alemania, Francia e Inglaterra.

En algunos países europeos, como Holanda, cuyo planteamiento era multiculturalista también ha fracasado. Como ejemplo tenemos lo sucedido en Francia hace unos meses como el estremecedor grito de aquellos a los que les fue negado la oportunidad de ser alguien y quemando coches en sus barrios y en las periferias emerge en escena la rebeldía de la palabra incumplida con el símbolo de la palabra incendiaria.

La integración no debe ser pensada deforma definitiva, inalterable y con respuestas predeterminadas a las múltiples situaciones cambiantes de la sociedad de hoy porque según dice Amín Maalouf:

"La sociedad no es una página ya escrita en la que las leyes, tradiciones, costumbres y valores culturales ya están prefijados de antemano, de modo que no cabe otra posibilidad que adaptarse a ellas. Tampoco es una página en blanco en la que todo esté por escribir. Más bien es una página que se está escribiendo y en la que todos, inmigrantes y autóctonos, dejan sus señas de identidad".

"En adelante ya nada será igual: costumbres y tradiciones, lengua y religión, valores y comportamientos, en. una palabra, la cultura se verá contrastada con otras formas de vida como expresiones de otras tantas culturas que reclaman espacios o ámbitos de manifestación.

Lo uniforme y homogéneo ha dado paso a lo complejo, plural y mestizo. Ante estos cambios se hace más que nunca imprescindible "aprender a existir", no ya sólo "aprender a convivir para permanecer en pie" . 

El futuro se encamina hacia una sociedad integrada en la que todas las personas gocen de los mismos derechos y deberes, sea cual sea el lugar de nacimiento, etnia, cultura o religión, es decir, una ciudadanía diferenciada e incercultural.

Sin integración de todos no hay ciudadanía.

"Y la integración de todos ha de hacerse no en "nuestra" sociedad y en "nuestra" cultura, sino en una sociedad distinta que está por construirse, que se va a enriquecer con las aportaciones de otras culturas y van a evitar el estancamiento y el colapso de la cultura dominante de la sociedad de acogida; de lo contrario ya no hablamos de integración sino de asimilación larvada de todas las formas culturales en la cultura dominante de la sociedad receptora" 4

¿Hacia dónde se encamina este futuro y en que bases ha de apoyarse? Sin duda que tendremos que conocernos, que se nos pedirá valorar las otras formas culturales, pero no creamos que esto nos llevará a la convivencia, todo esto es necesario, pero no basta para la aceptación de las diferencias, tenemos muy reciente en nuestra historia que los mayores crímenes de la humanidad se hicieron en una sociedad ilustrada y que las ideas se desploman cuando los intereses propios se van amenazados.

La acogida del diferente, la hospitalidad que le brindemos al extranjero  es el camino sine qua non llegaremos a la ciudadanía y esta acogida sobrevuela la esencia de la diferencia. 

Interesarnos por sus vidas, por su historia es el primer paso para su dignificación. Solo si los tratamos como personas podemos hablar de sociedad solidaria ya que en cuando el otro es objeto de nuestra experiencia, ya no nos resulta ni extraño, ni ajeno, sino uno de los nuestros, uno con nosotros.

La cuestión estriba en que la única alternativa es que el otro forma parte de mí haciendo un tándem en el que la aproximación y cercanía a él será aproximación y cercanía a mí. 

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